Es inútil resistir

Resistir, como acto, consume nuestra vida. Pasamos gran parte de nuestra existencia resistiéndonos a cosas que simplemente son, y este constante esfuerzo nos mantiene ocupados y alejados de lo que realmente es importante para nosotros. ¿Te has detenido a pensar en cuánto de tu tiempo y energía se va en esta lucha constante?

Hemos aprendido, casi de manera automática, a ver la vida como una batalla. Una lucha interminable contra nuestras circunstancias, contra los demás y, en muchas ocasiones, contra nosotros mismos. Este paradigma nos invita a conquistar el mundo como si fuese un enfrentamiento entre dos bandos: el mundo y yo. En este juego, creemos que solo puede haber un ganador.

Pero ¿a qué costo buscamos prevalecer? Resistimos y buscamos dominar, no solo nuestro entorno, sino también a las personas que nos rodean, incluso a quienes más amamos. La idea del dominio ha sido culturalmente exaltada como un valor positivo: dominar nuestras emociones, dominar las circunstancias, dominar el futuro. Sin embargo, esta obsesión por el control y la resistencia a lo que simplemente es nos consume más de lo que imaginamos.

La resistencia como un desgaste constante

Esta guerra incesante contra el mundo, contra cómo son las cosas o cómo actúan las personas, no solo agota nuestra energía física y emocional, sino que también nos aleja de lo que realmente deseamos crear en nuestra vida. Mientras resistimos, dejamos de lado nuestros sueños y aspiraciones más auténticos.

Imagínate un momento en el que no estés en lucha. ¿Qué tan diferente sería tu vida si no dedicaras tanto esfuerzo a resistir las circunstancias, sino a aceptarlas como son? No como un acto de rendición, sino como un punto de partida para construir algo nuevo.

Resistir, al final, es como intentar detener el flujo de un río con nuestras propias manos. Nos desgastamos intentando cambiar cosas que simplemente existen tal cual, olvidando que tenemos la posibilidad de redirigir el flujo de nuestra energía hacia algo más significativo.

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Aceptar no es conformarse

Una de las creencias más comunes es que aceptar significa conformarse o estar de acuerdo con algo que no nos gusta. Pero la aceptación no es resignación, ni implica abandonar nuestras aspiraciones. Más bien, se trata de dejar de luchar contra la realidad y empezar a operar desde ella de manera efectiva.

Aceptar es reconocer que:

  • Las personas son como son, no como nos gustaría que fueran.
  • Las circunstancias son las que son, no necesariamente las ideales.
  • El mundo funciona bajo sus propias reglas, no siempre de acuerdo con nuestras expectativas.

Desde este lugar de aceptación, podemos encontrar nuevas formas de relacionarnos con los demás, de enfrentar nuestras situaciones y, sobre todo, de vivir sin esa carga constante de resistencia. Es en este cambio de perspectiva donde encontramos la posibilidad de crear algo diferente, algo que no esté teñido por el desgaste de una lucha interminable.

Crear desde el contexto, no desde la resistencia

¿Qué pasaría si dejamos de intentar modificar todo lo que no nos gusta en nuestra vida y empezamos a transformar el contexto desde el cual vivimos? Muchas veces, lo que percibimos como un problema insuperable no reside tanto en las circunstancias, sino en cómo nos posicionamos frente a ellas.

Cambiar el contexto implica ajustar nuestra manera de pensar y actuar:

  • En lugar de esforzarnos por cambiar a las personas, aprendemos a relacionarnos con ellas tal como son.
  • En lugar de resistir nuestras circunstancias, identificamos oportunidades dentro de ellas.
  • En lugar de luchar contra el mundo, trabajamos con él.

Al operar desde esta perspectiva, la vida puede ser menos complicada y desgastante. Podemos enfocarnos en vivir plenamente en lugar de resistirnos a aquello que no podemos cambiar.

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Vivir, no luchar

La resistencia perpetua nos deja exhaustos y con poca energía para las cosas que realmente importan. Pero, ¿qué sucedería si simplemente viviéramos? Si nos permitiéramos fluir con la vida en lugar de verla como un campo de batalla.

  • ¿Qué podrías crear si dejaras de resistirte al mundo tal como es?
  • ¿Cómo cambiaría tu vida si no vieras cada situación como un desafío a vencer, sino como una oportunidad para aprender y crecer?

Dejar de resistir no significa rendirse; significa redirigir nuestra energía hacia lo que realmente vale la pena. Es una invitación a dejar de pelear contra el río y aprender a navegar en su corriente.

¿Qué podrías hacer con toda esa energía?

Imagina por un momento cuánta energía podrías liberar si dejaras de resistirte a aquello que no puedes controlar. Esa energía, que hoy aplicas a pelear con lo inevitable, podría canalizarse hacia tus sueños, tus relaciones o simplemente hacia disfrutar más del presente.

La vida no tiene que ser una constante batalla. Podemos elegir vivir desde la aceptación y la creatividad en lugar de desde la resistencia y el control. Solo necesitamos hacernos una pregunta honesta: ¿Qué tal si, en lugar de resistir, simplemente viviéramos?

Bernardo Villar
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