¿Qué te impide ser tu mismo?

¿Puedes ser tú mismo? ¿Quién eres realmente? ¿Qué te está impidiendo serlo?

Estas preguntas son el inicio de una reflexión profunda y, quizá, incómoda. No es un viaje fácil, porque ser uno mismo requiere romper con mitos y narrativas que, consciente o inconscientemente, hemos aceptado como verdades. Hablar de “ser uno mismo” implica asumir responsabilidad, autenticidad, elección y compromiso.

El mito de “quién deberíamos ser”

El problema comienza cuando idealizamos una versión de nosotros que quisiéramos alcanzar, creyendo que ese es nuestro verdadero “yo”. En teoría, esto no está mal; tener aspiraciones es parte del desarrollo personal. Sin embargo, la complicación surge cuando empezamos a justificar por qué no hemos alcanzado esa versión ideal.

En este punto, muchas personas crean historias que colocan la responsabilidad fuera de ellas mismas: “No soy quien quiero ser porque otros me han lastimado”, “alguien me trató injustamente”, “no me valoraron como merecía. Estas narrativas se convierten en anclas que nos mantienen atrapados en una posición de víctimas. A menudo, incluso encontramos validación en libros o discursos que refuerzan esta idea: “Primero debes sanar antes de ser tú mismo”.

¿Qué tan cierto es este mito?

Es verdad que el entorno en el que crecemos moldea nuestra percepción de identidad. Desde pequeños, absorbemos mensajes y experiencias que construyen una narrativa sobre quiénes somos. Este proceso no es una conspiración, sino la manera en que nuestro cerebro organiza la realidad. Sin embargo, cuando usamos estas experiencias para justificar por qué no somos quienes quisiéramos ser, caemos en la trampa de la victimización.

La narrativa de la víctima nos lleva a creer que necesitamos “perdonar” a los demás para avanzar. Nos convencemos de que los errores de nuestros padres, amigos, maestros o parejas son los responsables de nuestra situación actual. Pero, ¿realmente necesitamos perdonar algo? ¿Sanar qué exactamente?

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La trampa de la comodidad

Pensar que no somos responsables de lo que somos es, en cierto modo, cómodo. Nos permite evitar el esfuerzo de transformarnos al colocar la carga en los demás. Pero, al hacer esto, nos alejamos de la verdadera libertad: la capacidad de elegir quiénes somos, independientemente de las circunstancias pasadas.

Preguntémonos:

  • ¿Qué es lo que realmente me falta?
  • ¿Qué me impide ser yo mismo ahora?
  • ¿Qué gano culpando a los demás?

Si nos detenemos a reflexionar, nos daremos cuenta de que no estamos rotos ni incompletos. Somos seres completos, capaces de crecer y evolucionar, pero no porque nos falte algo, sino porque así lo elegimos.

Ser uno mismo: una elección consciente

Ser uno mismo no es algo que se logra al culpar o perdonar, sino al tomar una decisión consciente. Implica elegir cómo queremos ser y comprometernos con esa elección. Este compromiso no significa rechazar quién hemos sido hasta ahora, sino integrar nuestras experiencias pasadas como parte de nuestra historia, sin que definan nuestro presente.

¿Qué significa ser auténtico?
La autenticidad no es simplemente “ser diferente” o rebelarse contra las expectativas sociales. Es actuar en coherencia con nuestras elecciones internas, sin buscar la aprobación de los demás. Se trata de vivir según nuestros valores y deseos, no según las expectativas de otros.

El desafío de ser uno mismo

Es natural que el cambio sea difícil. Hemos pasado años siendo quienes somos hoy, y esa versión de nosotros tiene una especie de “maestría. Cambiar esa programación requiere práctica y persistencia. Sin embargo, con el tiempo, podemos desarrollar una nueva maestría: ser quienes elegimos ser.

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El secreto de la transformación
La transformación no ocurre cuando buscamos complacer a otros o cumplir con estándares externos. Sucede cuando elegimos ser quienes queremos ser por el simple hecho de que lo hemos decidido. Es un proceso que requiere práctica diaria, paciencia y, sobre todo, compromiso con nosotros mismos.

¿Elegir o excusarse?

Finalmente, está en nuestras manos decidir si queremos abrazar la responsabilidad de ser uno mismo o continuar refugiándonos en excusas. Ambas opciones son válidas, pero solo una de ellas nos llevará a experimentar la libertad y la autenticidad.

¿Qué eliges tú?

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Bernardo Villar
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